lunes, 23 de agosto de 2010

El tiempo no para


“Yo veo al futuro repetir el pasado…”, reza el estribillo de una popular canción de la banda de rock argentina, Bersuit Vergarabat: Los Kirchner están imitando a Perón; a lo recalcitrante del movimiento político más grande que jamás tuvo la República Argentina.
En el año del bicentenario nuestro país no da indicios de recuperación porque nuestros políticos no aprendieron de los errores cometidos. La sociedad, todos nosotros, estamos inmersos en cuanta lucha económica se suscita.
Durante sus nueve años de gobierno, Juan Domingo Perón (a su regreso del exilio no gobernó sino por López Rega) creyó que para ostentar el poder debía controlar a los medios de comunicación. Actuó en consecuencia, expropiando todos los medios de capitales privados hacia el Estado. Cuando la Revolución Libertadora lo destronó, sólo Clarín y La Nación habían resistido su embate. Sólo Clarín y La Nación, decía, estaban en manos de sus dueños: Periódicos como La Razón y Crítica eran manejados por el Estado, al igual que todas las emisoras radiales.
Hoy, 60 años después, los Kirchner gritan a viva voz “vamos por todo”. Su lógica es sencilla: Para gobernar deben tener a los medios a su favor; de otra forma, el año próximo deberán entregar el poder a otra fuerza política.
En el año 2003, cuando Néstor Kirchner comenzaba a calentar el sillón de Rivadavia, poco le importaba que Clarín y La Nación fuesen accionistas de Papel Prensa.
El último decreto que firmó el ahora diputado Nacional antes de hacer el traspaso formal de Poder hacia su mujer, Cristina Fernández de Kirchner, fue la fusión entre Cable Visión y Multicanal, una empresa del grupo Clarín.
Fue durante la pelea con el Campo que se tensaron las relaciones entre la Rosada y Clarín. A partir de allí, primero de desacreditó la fusión aprobada sólo un año antes, luego pasó el “Fútbol para Todos” a manos del Estado y por último – sólo por ahora, amigos -, Kirchner disolvió la relación comercial entre Fibertel y Cable Visión.
Me inquita saber cuál fue el error que cometió Clarín para que Kirchner se desbandara de tal manera, porque, ¿no me va a decir usted, Néstor, que encontró al grupo Clarín tapado de irregularidades después de que dejara el Poder? No me venga con el cuento de que Papel Prensa era un organismo controlado por Clarín y La Nación, cuando usted autorizaba que el Estado participara del negocio de la gráfica.
No se justifique diciendo que usted es progresista, porque la ideología que profesa no se condice con el exponencial crecimiento de su patrimonio. Ni tampoco me vaya a echar en cara que los medios con los que pelea – sí, escuchó bien; usted pelea con estos medios cuando decide repartir guantes de boxeo y protectores faciales durante las reuniones de comité en Papel Prensa-, fueron la punta de lanza de la Dictadura Militar, porque usted tiene las mismas prácticas ideológicas que ellos: Compra con dinero a las Madres de Plaza de Bonafini.

¿Sabía usted, Néstor, cuál era el lema del gobierno de facto durante el mundial de fútbol de 1978 que usted cita con tanta vehemencia?: “Fútbol para todos”, Néstor.
Decía el sociólogo Alain Touraine en su libro “Qué es la Democracia”: “El sujeto (o grupo) es el esfuerzo de transformación de una situación vivida en acción libre.” Hablaba de la democracia en términos de “la lucha de unos sujetos, en su cultura y su libertad, contra la lógica dominadora de los sistemas.”
Si la Justicia es amiga, la democracia se pudre. Aprenda usted de los errores que cometimos para encauzar al país que todos nosotros merecemos.

viernes, 25 de junio de 2010

El eliminador

Qué interesante noticia deportiva nos acerca la gente de ESPN. Deténganse unos momentos. Lean con atención. Vale la pena tomarse dos minutos para jugar a saber quién es el campeón.


Un gran juego que no corona a un campeón del mundo, sino que elige a 31 perdedores.
Por Damian Didonato / ESPNdeportes.com

Los 32 equipos del Mundial. ¿A favor de quién jugará la estadística?
Algunas personas consideran que la acción de elegir al que puede ser el futuro campeón del mundo es todo un arte. Otros creen que es una ciencia y el resto toma el camino fácil y se la juega por Brasil. Esta última no es una mala estrategia, ya que fue la adecuada en cinco de las 18 Copas del Mundo. Sin embargo, escoger al máximo favorito como el futuro rey no es la manera más divertida de pronosticar.

El Eliminador lo es.

El Eliminador no elige a un ganador, sino a 31 perdedores. Lo hace a partir de estadísticas y tendencias históricas para identificar los rasgos de un campeón y aplicar esos criterios a los equipos de este año. Se desterrarán todos los seleccionados hasta que solo uno permanezca de pie. Aquí vamos...

Como en cada ámbito de la vida, el hilo se corta por lo más delgado, entonces lo mejor es empezar por los equipos más débiles. Desde que la FIFA implementó su ránking mundial, jamás un campeón mundial estuvo por debajo del puesto 20. Aunque como las clasificaciones no son tan precisas y sufrirán cambios hasta la cita en Sudáfrica, se puede decir que ningún equipo que hoy no está entre los primeros 60 ganará el torneo. Así, Nueva Zelanda (80), Corea del Norte (102) y el país anfitrión, Sudáfrica (81) le dicen adiós a su utópico sueño.

Corea del Norte, Nueva Zelanda y Sudáfrica, los primeros en quedar afuera
Nunca un equipo europeo se consagró tras sufrir más de una derrota en las Eliminatorias. Esto elimina a Grecia, Eslovenia, Eslovaquia y Serbia. Hasta el momento no hay grandes sorpresas.

Grecia, Eslovenia, Eslovaquia y Serbia, las siguientes víctimas
Los resultados obtenidos en los partidos de clasificación no siempre son una medida a la hora de jugar en el Mundial, sin embargo dan una idea del potencial del equipo. Jamás una Selección con menos de 1,5 de promedio de gol en las Eliminatorias se coronó en la etapa final de la Copa del mundo. Australia, Paraguay y Argelia están en este indeseable grupo.

El final del camino para tres seleccionados: Australia, Paraguay y Argelia
Ganar un torneo planetario no es para novatos. Por eso, nunca una Selección que no había alcanzado los cuartos de final en un torneo anterior festejó el título. Costa de Marfil, Ghana, Japón y Honduras se despiden del título.

Cuádruple eliminación simultánea: Costa de Marfil, Ghana, Japón y Honduras
Jamás en la historia un Seleccionado que culminó en el último puesto en un torneo anterior festejó a lo grande. México (1930, 1958 y 1978), Estados Unidos (1998) y Corea del Sur (1954) no serán la excepción en el invierno africano.

México, Estados Unidos y Corea del Sur suman su salida. Quedan menos de la mitad
El Eliminador ya ha descartado a 17 equipos, que de todas maneras no eran candidatos a ganar el trofeo máximo del fútbol planetario el próximo 11 de julio en Johannesburgo. Hasta el momento no hay grandes sorpresas. Sin embargo, mantenga su atención, el resultado de este juego será por lo menos inesperado.

Holanda y España, dos de los grandes favoritos, serán las próximas víctimas del Eliminador. ¿La razón por la cual prescindir de estos equipazos? Simple, jamás un combinado europeo que terminó con un cien por ciento de efectividad en las Eliminatorias logró ganar la siguiente Copa del mundo.

Holanda y España, dos de los candidatos que no tienen la historia a favor
Dicen que en un campeonato corto como el Mundial juegan en el mismo porcentaje la suerte que la pericia. Siguiendo esta premisa, es el turno de decir adiós para Portugal y Cristiano Ronaldo, porque nunca ganó el torneo un conjunto que compartió grupo con Brasil en la primera fase.

Otro favorito afuera: Portugal no fue favorecido por el Eliminador
Inglaterra, Camerún, Nigeria y Chile son cuatro equipos de los que se espera mucho en Sudáfrica. Sin embargo, el premio mayor no será para ninguno de ellos, porque los campeones mundiales siempre tuvieron un entrenador nacido en el país que representan. Fabio Capello, Paul Le Guen, Lars Lagerbäck y Marcelo Bielsa sólo conocerán la gloria si alguna vez vuelven a dirigir a Italia, Francia, Suecia y Argentina.

Inglaterra, Camerún, Nigeria y Chile tampoco serán los campeones de este juego
Hay un dato muy importante que todavía no fue relevado y es una verdadera mala noticia para los europeos, porque jamás una Selección del viejo continente celebró un título fuera de casa. Dinamarca, Suiza, Francia y, sobre todo, Alemania e Italia no podrán levantar la Copa FIFA en el primer Mundial africano.

El fin del frente europeo: afuera Dinamarca, Suiza, Francia, Alemania e Italia
El gráfico de las banderas no miente: sólo sobreviven tres Selecciones en este juego de eliminación. Para más datos, tres Selecciones sudamericanas: Brasil, Argentina y Uruguay. Uno de los tres países hermanos vivirá una fiesta nacional el 11 de julio.

Nunca en los ochenta años de historia mundialista el campeón de la Copa América repitió el título en la Copa del mundo siguiente. Este fundamento arroja al bote de basura las ilusiones de Brasil por conseguir el hexacampeonato, ya que se coronó en 2007 tras vencer a Argentina en la final. Como para acentuar más la eliminación del Scratch, vale la pena recordar que el ganador de la Copa Confederaciones tampoco celebró en el Mundial posterior. Dos argumentos de peso para decirle adiós a Dunga y sus estrellas.

Brasil, el pentacampeón, también corre contra la estadística: ya quedan sólo dos
¿Una final rioplatense? Ni el más afiebrado director de cine sudamericano habría imaginado algo semejante. Según el Eliminador, en Sudáfrica 2010 se repitiría la primera final de todos los tiempos. El fixture ayuda a esta conclusión, ya que si ambos culminan la primera fase en el mismo puesto -primero o segundo- sólo podrían encontrarse en Johannesburgo.

Argentina fue finalista cuatro veces, dos de las cuales (1930 y 1978) fueron en el hemisferio sur, donde sólo se disputaron cuatro Mundiales. Es decir que el combinado albiceleste tiene un interesante récord cuando los torneos se juegan en invierno. Además, la última vez que compartió grupo con Corea del Sur fue en México 86 y debutará ante un africano, como en Italia 90. Sólo algunas coincidencias.

Uruguay, en tanto, llega con un perfil mucho menor al de su vecino, aunque con grandes expectativas. La Celeste ganó dos Copas del mundo, en 1930 y en 1950, años culminados en cero, como 2010. Es un dato arbitrario y poco consistente, pero el Eliminador está en todos los detalles.

Ambos tienen sus argumentos, pero como aquí se trata de eliminar y no de premiar. Es hora de elegir al último perdedor.

Desde la implementación del "Balón de oro" que entrega la revista France Football, nunca un jugador que ganó ese premio el año anterior a un Mundial se coronó en el torneo siguiente, aunque en cinco ocasiones jugó la final. Es decir, que Lionel Messi jugará el partido soñado por todos, pero lo perderá.

Argentina tampoco podrá. El campeón es uno sólo: Uruguay, qué no ni no
Uruguay será campeón del mundo. Tras sesenta años de tristezas volverá a sentir la gloria máxima. Al menos, eso dice el Eliminador, un método que tiene el porcentaje de acierto que cada uno desee, según haya sido beneficiado o perjudicado.

Sebastián Abreu ganará su primera Copa del Mundo, para El Eliminador
Felicitaciones al flamante tricampeón del mundo. Cualquier relación de esta ficción con la realidad a partir del próximo 11 de julio será plena coincidencia.

lunes, 10 de mayo de 2010

"Hay que cambiar la ONU. Si sigue así, no servirá para el gobierno global"

El País, el diario de centro izquierda español. Juan Luis Cebrián, póstumo periodista, con una trayectoria apergaminanda.
La entrevista a Lula es una narración a la estructura de la propia entrevista.
Para los estudiantes de periodismo, para los amantes de la política, para quienes disfrutan de la lectura y quieren aprender de la redacción periodística...




JUAN LUIS CEBRIÁN 09/05/2010

Prefiero un carnaval a una guerra". Posa su mano de obrero sobre mi rodilla, en un ademán de complicidad, de camaradería, de evidente franqueza, porque esa es su fuerza y su convicción, la de comportarse como lo que es, como verdaderamente le miran los brasileños, "soy uno de ellos, uno como ellos", viene de donde ellos vienen, habla como ellos hablan, "no soy un extraño en el nido", y hasta que llegó al poder vistió como ellos visten, "aunque trabajé durante veintisiete años bajo un overol nunca me encontré a gusto; con dos meses de corbata no tuve dificultad en acostumbrarme a ella, es una bonita prenda". Me viene a las mientes la reflexión de Sancho Panza antes de ocuparse como regidor de la ínsula, "vístanme como quisieren, que de cualquier manera que vaya vestido seré Sancho Panza", porque la sotana no hace al cura, y Lula es Lula cualquiera que sea su atuendo, "me comunicaron que tenía que ir de frac a la cena de palacio con el rey de España, mandé decirle a Juan Carlos que yo no usaba eso y aquí en Brasil muchos me criticaron, ¡qué falta de elegancia, de capacidad para ejercer la Presidencia!, hasta que el Rey llamó, venga como usted quiera, pues de traje y corbata, porque no quiero ser visto como un extraño en mi pueblo, lo que pasa es que la liturgia del poder está toda preparada para alejarte de aquél, cuando eres candidato vas a cielo descubierto, saludando, pero una vez llegas a presidente te montan en un coche blindado y nunca más ves el rostro de los ciudadanos".

"Brasil era capitalismo sin capital. Resolví que era preciso construir el capitalismo para después hacer el socialismo"

"¿Por qué Brasil no es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Por qué no la India o algún país africano?"

"Un jefe de Estado no es una persona, es una institución, no tiene voluntad propia. Aprendí eso en el poder"

"Gane el que gane (las próximas elecciones) nadie hará ningún disparate, el pueblo no quiere volver atrás"

"En el ejercicio del poder soy un ciudadano, ¿cómo diría...?, multinacional, multiideológico, ¿no?"

"Me llevé bien con Aznar y me llevo bien con Zapatero; y con Piñera en Chile, igual que con Bachelet"
Me pregunto a qué se parecen más las huelgas, si a las guerras o a los carnavales. Luiz Inácio Lula da Silva fraguó su carrera política en las movilizaciones populares, en la agitación callejera y en la lucha a pie de obra en defensa de los derechos de los trabajadores. Casi millón y medio de obreros brasileños fueron a la huelga, capitaneados por él, durante el año 1979, y a partir de esa fecha este correoso dirigente sindical emprendió una carrera política llena de altibajos que le llevaría un cuarto de siglo más tarde a la presidencia de la República. "Es notable que ni yo ni mi vicepresidente, un empresario de éxito, tengamos título universitario", señala con cierto tono de orgullo que irrita a la oposición por la ambigüedad que ese mensaje puede representar en un país en el que la educación es propósito fundamental del Gobierno y empeño necesario para acabar con las desigualdades y la pobreza. Pero lo que él quiere transmitir es que la democracia funciona en Brasil, que no son los méritos profesionales, académicos ni de cualquier otro género, sino la voluntad de los electores la que es decisiva para llegar al poder. Un poder del que Lula se apeará, al menos formalmente, el próximo mes de diciembre después de ocho años de ejercicio en el cargo, y del que sale rodeado de tal popularidad que algunos esperan verle levitar en cualquier momento, como hacía el curilla de García Márquez en Cien años de soledad, sólo que a base de ingerir café brasileño, que él consume a cada rato con avidez, en vez de tazones de chocolate.

"El momento más extraordinario del poder es el periodo entre el día de la victoria y la toma de posesión. Luego uno ve que las cosas no son tan fáciles, estás ante una carrera de obstáculos. Yo tendría motivos de sobra para decir que a mí el poder me ha dado más alegrías que tristezas, porque pocas veces en la historia de Brasil sucedieron cosas tan importantes como durante mi gobierno, pero me iré lamentando lo que no he podido hacer, la reforma del Estado, por ejemplo. No hemos sido capaces de procurarle mayor agilidad; desde que tomamos una decisión hasta que se ejecuta nos topamos con quinientos obstáculos en nombre de la democracia. Está el Congreso Nacional, con sus dos Cámaras, la Administración pública, los sindicatos, la justicia, las cuestiones ambientales, donde las ONG son muy activas... o sea, que pasan dos años y medio o tres antes de que un proyecto cristalice. Hace falta un consenso que nos permita eliminar tantas dificultades y retrasos. No podemos renunciar a la fiscalización, pero tampoco es aceptable utilizarla como una manera de impedir que se hagan las cosas que Brasil necesita".

Su pragmatismo, su campechanía, su sentido común, todo en él recuerda al gobernador de la Barataria. Casi ocho años después de ocupar la primera magistratura de la República, sus maneras personales, su método de trabajo, su aire decidido y socarrón son los del Lula joven que, huyendo de la burocracia sindical, se reunía por las tardes en la taberna regentada por Tía Rosa en San Bernardo del Campo, donde él todavía mantiene el domicilio familiar. Allí, con sus compañeros de lucha, un grupo de amigos antes que un comité organizado, preparaban entre chato y chato las movilizaciones en defensa de un mayor salario para los obreros. Ninguna ideología alimentaba sus acciones, que enseguida estuvieron apoyadas, sin embargo, por los movimientos de base católicos. "El PT no hubiese existido sin la ayuda de millares de curas y comunidades cristianas de Brasil, le debe mucho al trabajo de la Iglesia, a la teología de la liberación, a los sacerdotes progresistas. Todo ello contribuyó a mi formación política, a la construcción del PT y a mi llegada al poder. Mi relación personal con la Iglesia católica ha sido y sigue siendo muy fuerte, pero somos un país laico, tratamos a todas las religiones con respeto". Le interrumpe por un momento su jefe de gabinete, Gilberto Carvalho, "este era seminarista, iba para cura, y lo abandonó para venirse al PT, para construir conmigo", y despacha un par de asuntos a la sombra de un crucifijo gigantesco que preside su mesa de trabajo, mientras yo me barrunto que para algunos peteros de la época la agitación política era también una especie de sacerdocio. La influencia religiosa ("esta es la Iglesia más progresista de América Latina, probablemente del mundo") es evidente también en el tratamiento de las leyes de aborto en Brasil, aunque el presidente busca la equidistancia. El Vaticano "tiene una actitud muy conservadora sobre este punto. En Brasil, el aborto está prohibido, salvo en caso de violación de la madre. Yo, como ciudadano, soy contrario al aborto, y no creo que haya ninguna mujer que se muestre favorable a él porque genera un gran sufrimiento a quien lo practica. Pero como jefe de Estado pienso que se trata de una cuestión de salud pública. Debemos proteger a las chicas que tratan de abortar ellas mismas metiéndose agujas en el útero y cosas así. El Estado tiene la obligación de atender a esas personas".

Para los progres europeos, que adoran a Lula, una declaración de este género puede resultar decepcionante, tanto como la que él mismo ha hecho muchas veces en el sentido de que no se considera de izquierdas. "Mi trayectoria, mi perfil político, mi vida en el sindicato, la creación del PT, me caracterizan, desde luego, como un izquierdista. Pero el propio PT es una novedad en la izquierda mundial. Nació contra todos los dogmas de los partidos marxistas-leninistas, que obedecían fielmente a Rusia o China. Al principio era algo parecido a una hinchada del fútbol; un grupo de obreros que, junto con el movimiento social, la Iglesia católica y algunos intelectuales que habían creído y participado en la lucha armada, decidieron crear un partido político. No teníamos entonces un programa definido y a mí nunca me gustó que me encasillaran, menos aún al asumir la presidencia. Un jefe de Estado no es una persona, es una institución, no tiene voluntad propia todo el santo día, sino que tiene que llevar a cabo los acuerdos que sean posibles. He aprendido eso en el poder y creo que ha sido bueno para Brasil. No puede ser que me guste un presidente porque es de izquierdas y otro no, por ser derechista. Me llevé bien con Aznar y me llevo bien con Zapatero; tengo que relacionarme con Piñera en Chile igual que lo hice con Bachelet. En el ejercicio del poder soy un ciudadano, ¿cómo diría...? multinacional, multiideológico, ¿no?".

Con sus ojos brillantes, inquietos, reclama mi aprobación para ese pragmatismo, y se transforma de pronto en un agitador de la torcida, la hinchada brasileña; se levanta, se sienta, se vuelve a erguir, sonríe primero, luego se estremece, se desternilla, te guiña el ojo, busca la cercanía, el cariño, soy un brasileño más, un ciudadano más de este país que es capaz de contagiar la alegría, de este país con trescientos días de sol al año, de este país inmenso, autosuficiente, pacífico, "del que estamos tratando de eliminar cincuenta o sesenta años de atraso, de desconfianza, años en que nadie quería invertir aquí. Y por eso estamos construyendo un capitalismo moderno, el Estado de bienestar. Cuando entré en el Gobierno, Brasil no tenía crédito, no tenía capital de trabajo, ni financiación, ni distribución de la renta. ¿Qué coño de capitalismo era ese? Un capitalismo sin capital. Resolví entonces que era preciso primero construir el capitalismo para después hacer el socialismo; hay que tener qué distribuir antes de hacerlo. Si el país no tiene nada, no hay nada que distribuir, y los empresarios tienen que saber que hay que pagar salarios un poco mayores para que la gente pueda comprar los productos que fabrican. Esto ya lo decía Henry Ford en 1912".

Estamos en plena campaña electoral y Lula aprovecha para hacer la propaganda de su partido, se le escapan algunas críticas acerbas, probablemente injustas, contra su antecesor, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, tiempo atrás compañero suyo en la lucha contra la dictadura y con el que ahora no se muestra en absoluto generoso. Pero el milagro brasileño empezó precisamente con Cardoso, un profesor respetado y un demócrata ejemplar que niveló las cuentas públicas y venció la inflación. Lula hace un balance diferente. "Hoy el Banco de Brasil tiene más crédito que el de todo el país cuando llegué al poder. De modo que cuando yo deje la presidencia habremos creado más de catorce millones de puestos de trabajo en ocho años. Sólo China e India pueden competir con una realidad así". Le interrogo entonces sobre si eso es un triunfo del capitalismo y enseguida se apresura a aclarar que es un triunfo de su Gobierno "porque ha tenido el coraje de enfrentarse a la crisis, en vez de quejarse: haciendo inversiones, desgravando la actividad en sectores clave para la economía, emprendiendo muchas obras públicas. Si Brasil mantiene en los próximos cinco años seriedad en las políticas fiscal y monetaria, en las inversiones y el control de la inflación, lo tiene todo para transformarse en una potencia respetada en el mundo. Si la economía sigue creciendo entre un 4,5% y un 5,5%, en 2016 puede constituir la quinta economía mundial".

No sé si descubro rastros de la herencia portuguesa en esta ensoñación un poco hiperbólica del presidente, que le hace por momentos alejarse de la sesuda prudencia de Sancho para asemejarle más a la locura idealista de su señor don Quijote, porque mientras Lula habla, las encuestas, allá fuera, siguen dando probable vencedor, aunque por escaso margen, a José Serra, candidato del PSDB, el partido de Cardoso. "Gane el que gane, nadie hará ningún disparate; el pueblo quiere seguir caminando y no volver atrás. Pero déjeme decirle que yo no veo la posibilidad de que perdamos las elecciones". Muchos piensan que si así sucediera, no sería por los méritos de Dilma, la candidata del PT, una antigua guerrillera y una política eficaz, pero sin el carisma que unas elecciones presidenciales demandan, sino por el formidable apoyo que le presta el propio Lula, cuya personalidad lo impregna todo de lulismo, "sí, ya sé que mucha gente, para justificarse, dice, a mí no me gusta el PT, me gusta Lula; gente de derechas, claro. Pasa con otros líderes políticos, Felipe González, por ejemplo. Normalmente las figuras públicas estamos menos ideologizadas que los partidos y tenemos la capacidad individual de congregar en torno nuestro gentes que de ninguna manera se sienten cercanas a nuestras formaciones. Pero no creo que haya un 'lulismo' como tal, prefiero saber que vamos a fortalecer la democracia y que los partidos políticos van a saber organizarse y ser fuertes".

En cualquier caso parece descontada la continuidad en la política económica, que Lula salvaguardó desde un principio nombrando a un antiguo militante del partido de Cardoso gobernador del Banco central. La consecuencia de esas políticas ha sido la prosperidad que permite situar al país entre las potencias emergentes agrupadas en torno a lo que ha dado en llamarse los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Junto a ellos, Lula ha hecho valer su voz afirmando su independencia como un protagonista de la política internacional singular e inclasificable. ¿Está camino su país de convertirse en una superpotencia? ¿Podría hacerlo sin ser poseedor -el único de los BRIC en esta circunstancia- del arma atómica? "La Constitución prohíbe las actividades nucleares salvo para fines pacíficos, están prohibidas, ¿quiere verlo?", me señala acuciante con su mano mutilada el artículo 21, inciso 23, "el presidente no decide en las cuestiones nucleares, es el Congreso, y no tenemos interés en ser una potencia militar si no es del tamaño de nuestra soberanía. Necesitamos unas Fuerzas Armadas adecuadas para garantizar la seguridad del pueblo, mantener una política de defensa respetable. No queremos invadir ningún país, pero tampoco que nos invadan a nosotros...", le interrumpo, entre irónico y risueño, invadir Brasil me parece difícil, presidente, una tarea casi titánica, y él impertérrito, "no se puede menospreciar la locura de algunos seres humanos, es preciso cuidarse". ¿Cuidarse de quién? No creo que sea de Chávez ("un hombre muy inteligente, aunque a veces comete equivocaciones y él lo sabe") ni de Evo ("un retrato de su pueblo, nadie lo representa mejor que él; en el tema del petróleo, yo comprendí que Brasil tenía que pagar mejor a Bolivia, no peleé con Evo, porque él tenía derecho") ni de Colombia, Argentina o Uruguay ("Brasil ha trabajado mucho con ellos para consolidar la democracia en su plenitud. Tenemos que generar una política de confianza. La doctrina utilizada antes por las grandes potencias era considerar a Brasil como enemigo de América Latina, la gran amenaza; nosotros estamos destruyendo esa visión negativa y demostrando en cambio que podemos ser su gran aliado").

El lulismo, si es que existe, hunde sus raíces en el sindicalismo, la lucha como presión y el acuerdo como respuesta. "El llamado mundo desarrollado tiene que comprender que la geopolítica ha cambiado. La democratización de África y el crecimiento de países como China, India y algunos de América del Sur sugiere una nueva dimensión. Yo no quiero la guerra, soy un hombre de diálogo, y en la cuestión nuclear Brasil tiene una política muy definida. Quiero agotar hasta el último minuto las posibilidades de un pacto con el presidente de Irán para que pueda seguir enriqueciendo uranio, teniendo nosotros la tranquilidad de que sólo lo va a utilizar para fines pacíficos. Mi límite son las decisiones de la ONU, a la que, por cierto, pretendo cambiar porque tal y como está representa muy poco. ¿Por qué Brasil no es miembro del Consejo de Seguridad? ¿Por qué no lo es India? ¿Por qué no hay ningún Estado africano? Si la ONU continúa así de débil, sin representatividad, con países con derecho de veto, nunca va a servir correctamente al gobierno global que se necesita".

Felipe González dice que los ex presidentes son como los jarrones chinos. Todo el mundo en casa sabe que se trata de piezas valiosas que merece la pena conservar, aunque no necesariamente aprecian su belleza y la gente no sabe dónde colocarlos: estén donde estén, siempre estorban el paso. A partir del próximo mes de diciembre, Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los políticos más carismáticos, admirados y sorprendentes del último medio siglo, engrosará esa colección de grandes porcelanas. Los visitantes de los museos de cera venerarán su imagen, como la de Lincoln, la de Mandela, la de tantos grandes hombres capaces de surgir desde la nada. Lleno de vida, desbordante de ideas, no le imagino retirado en su piso de San Bernardo, compartiendo con sus vecinos las nostalgias de cualquier tiempo pasado. "El mejor servicio que puede prestar un ex presidente de la República es el de estar callado, dejar gobernar a quien gane las elecciones y él permanecer en silencio". Al buen callar llaman Sancho, pero yo no imagino así a Lula cuando hay tanto que denunciar, tanto que demandar, tanto que proponer. Entonces, quizá se limite a estar ausente, o lejano. "Voy a salir del Gobierno habiendo cosechado un montón de políticas exitosas y quiero compartir ese aprendizaje, esa auténtica lección vital, con países más pobres de América Latina y de África. No sé si lo haré a través de una fundación, porque en ningún caso quiero emprender nada que no esté en consonancia con el Gobierno. Sólo quiero transmitir a los demás la experiencia que adquirí, porque los pobres no tienen acceso a los gobernantes, los pobres no van a los cócteles, claro, y eso que no hay político que gane una elección hablando mal de ellos, puede denostar a los banqueros, a los grandes empresarios, pero a los pobres... de ninguna manera, en campaña electoral un pobre es la cosa más extraordinaria del mundo. Eso sí, una vez que el candidato gana la votación termina su mandato sin reunirse con un pobre ni una sola vez, sólo sabe que existen por lo que lee en los periódicos, no hay interacción, no hay vínculo. Yo, las próximas navidades, cuando mi periodo llegue a su fin, quiero invitar de nuevo a los cartoneros de São Paulo, hace ocho años que me reúno con ellos en palacio por esas fechas (también lo he hecho con los sin casa, con los okupas), y hemos comprobado que esa gente no quiere parar de recolectar papel, pero aspira a una existencia más digna, o sea, que organizamos cooperativas, centenares de ellas en todo Brasil, financiadas por el Estado, que permiten trabajar a cientos de miles de personas, capaces de llevar todos los días a su casa algo que comer gracias al resultado de su trabajo".

Cuando todo eso suceda, el palacio presidencial ya habrá sido reconstruido. De momento, Lula se aloja en unas oficinas prestadas del centro cultural del Banco de Brasil mientras los operarios se esfuerzan en recuperar las ajadas estructuras de Planalto, cuya remozada construcción no pudo estar a punto para la celebración del cincuentenario de Brasilia. Pero el próximo 23 de diciembre el presidente se despedirá de sus cartoneros paulistas en los aposentos elegantes y sobrios destinados al primer magistrado de la nación. Quizá lo haga pensando, como Sancho en su partida, que "saliendo yo desnudo como salgo, no es menester otra señal para dar a entender que he gobernado como un ángel". Seguro estoy, al menos, de que el cronista de ese momento venidero podrá de nuevo relatarlo con las mismas palabras de Cervantes: "Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta". Vale.

miércoles, 28 de abril de 2010

Hebe salve al pañuelo

El pañuelo blanco - símbolo de lucha, persistencia y resistencia, amor y memoria de las madres y familiares cercanos de desaparecidos, torturados y asesinado por la última dictadura militar -, ya no limpia y purifica el cielo celeste de nuestra nación: Usted, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, señora Hebe de Bonafini, ha hecho corrupta y servil a la posición que detenta por el valor y el coraje que alguna vez supieron enaltecerla.

Usted es “Madres de Plaza de Mayo”, la cara visible de una Asociación que recibe el apoyo de una sociedad que mayoritariamente repudia el golpe de Estado de 1976, que reivindica su comportamiento durante esos años sombríos y llenos de sangre, a todo aquel que tuviese la sola sensación de opinar en contra de los militares.

Usted que fustigó (y lo hace más enérgicamente en estos tiempos) a la prensa por silenciar, ocultar y tergiversar información durante esos oscuros años, no pretenda hacer lo mismo que los militares, alentando solamente la utilización de canales oficiales, radios estatales y periódicos afines a la ideología que le brinda cuantiosas sumas de dinero para justificar sus apariciones sacrosantas de mujer imparcial.

Si un vicepresidente ejerce bien o mal su rol como funcionario público, hay tres Poderes que se encargan de regularlo y, en caso de ser necesario, apartarlo del cargo que tiene. No debería ser de su inmediata incumbencia inclinar a la sociedad hacia un juicio de valor acerca de si está bien o mal que Julio Cobos siga presidiendo el Senado.

Las fotos que la muestran conversando afablemente con el Vicepresidente, cuando éste era candidato por la concertación que ganó las elecciones de 2008, distan mucho de la ferviente confrontación que plantea por estas horas, simplemente porque Cobos ha dejado de servir a la Presidenta, desde que otorgó su voto no positivo en el artículo 125: Y observe que el Vicepresidente no es de mi gusto político, eh!


Además, y en este punto sí coincidiremos, repudio las conversaciones desestabilizadoras entre periodistas y dirigentes agropecuarios que aventuran un éxodo inmediato del gobierno kirchnerista, como también la violencia que brota desde la Casa Rosada cuando, desde la oposición, se piensa en consensuar y llamar al diálogo.

En vez de criticar a la Justicia, debería apoyar a los jueces cuando aparecen sentencias como la de ayer, en las que Videla y Martínez de Hoz pierden sus concesiones y su indulto y pueden, reitero, sólo por el accionar de la Justicia de la que usted reniega, volver a ser enjuiciados.

Avala que Cristina de Kirchner libere a los goles que alguna vez fueron secuestrados por un Multimedio ó muchos grandes grupos económicos, pero se sienta al lado del segundo Fernández, el Jefe de Gabinete, que despide un odio irracional mostrando en su remera a dos personas metiéndose los clarinetes en culo.

La escuché decir en el vigésimo quinto aniversario del Golpe, discurso mediante, que “Un revolucionario nunca es terrorista. Es alguien que quiere el bien del pueblo para que otros vivan, coman y sean felices. El terrorista es el Estado que reprime, el otro es una respuesta prevista en la propia Constitución”. Disculpe que disienta con usted, señora de Bonafini, pero la Constitución no llama a levantarse en armas contra el ningún Gobierno. Los Militares eran el Estado y deben pagar por ello, pero no exima de responsabilidades a quienes metían bombas por doquier, sembrando el miedo por plantar la misma semilla.



Revolucionario también fue Fidel Castro. Condenó al fracaso y a la involución a la población cubana, luego de darse cuenta que su régimen carecía de pilares para sostenerse. Allí, las Damas de Blanco (las mujeres de presos políticos, opositores al castrismo), marchan todos los domingos en diversos puntos del país promoviendo un mensaje de paz y hermandad.

Por último, y haciendo uso de su lugar en el centro social y político de nuestra Argentina, ayúdenos a esclarecer por qué y cómo, luego de tantos años de sufrimiento, desapareció y nunca más se lo volvió a ver a Jorge Julio López. El sí es una herida abierta en nuestra Argentina.

Ayúdenos, si así lo considera, a trabajar por una nueva nación sin prebendas, con Historia y memoria.

miércoles, 14 de abril de 2010

DEMIURGO

Si la materia y las cosas tienen un principio también deberían, eso creo, tener una finalidad. Porque la vida es un objetivo en sí. El desafío más grande que encarnamos como seres humanos es el de llegar a la meta sobreponiéndonos a las vallas que, dependiendo del camino elegido, nuestro sendero proponga.

Este próximo 25 de mayo Bicentenario promete ser un salto cuantitativo a nuestra memoria, en donde aparecerán (y serán recordados) los primeros arquitectos abocados a profetizar un mensaje de rebeldía y descolonización.

Puede discutirse si Moreno, Castelli, Alvear, H. Pueyrredón o Sarmiento (entre tantos otros) fueron radicales en sus pensamientos, fervientes defensores de la autoridad y la disciplina para forjar los lazos de un proyecto de Nación separada por tantísimos kilómetros de tierra; pero hace ciento cincuenta o doscientos años atrás se luchaba (y utilizo el término “luchar” porque hubo guerras intestinas en post de cortar el cordón umbilical que nos ataba a la Corono) por una nueva forma de entender a la política, al ciudadano y a la Nación.

De la centralización monárquica del Poder al incipiente federalismo que intentaban, con más desaciertos que virtudes, respirar en nuestras provincias unidas del sur; del absolutismo monárquico de una colonia que se alimentaba de recursos ajenos al acuerdo tácito de diversas formas de pensamiento intentando confluir en el mismo espacio.

Y el Demiurgo argentino nace con aquellos aires revolucionarios, porque para creer en una Nación primero hubo que verla dibujada. Y en la cabeza de Juan Bautista Alberdi, José Hernández, Scalabrini Ortíz y demás pensadores exisitió esa figura de corte nacional.




Pronto también hubo irrupciones drásticas que comenzaron por viciar esos límpidos aires del Río: el demiurgo mutó a diablo y nuestro proyecto de país, lejos de empezar caminar, continuó su crecimiento con falencias que llevan cerca de cien años de aplicación.

La Generación del 80’ fue la primera gran propuesta nacional en materia de democracia y política. Pero esa generación no supo vislumbrar el crecimiento de una clase media que poco a poco exigía mayor participación política.

El radicalismo de Yirigoyen, Alvear y nuevamente Don Hipólito tampoco pudo manejar la trasnacionalización de los recursos naturales del país. La medias tintas, el debate y la democracia fueron términos amplísimos; incluso el control de poder fue algo que no pudo mensurar el Ejecutivo radical y que sí lograron las Fuerzas Armadas, concretando el primer golpe de Estado de nuestra historia.

Más cerca en la historia los relatos nos resultan cotidianos. Pocas veces damos lugar a la reflexión: no intentamos corregir el futuro estudiando el pasado.
Luego de 200 años de anomalías políticas, de traspaso y hurto de poder, de personalismos autoritarios de izquierdas y derechas, el gen de la corrupción política sigue latente.
Citando el ejemplo más reciente de diversidad político cultural, podemos ver lo que sucede en la parte más boreal de nuestro continente: Estados Unidos en versión Demócrata intenta sacar una Reforma Sanitaria que abarque a 32 millones de personas más. Un partido de centro derecha pugna por mejorar y aumentar el estado de salud de su nación a cerca del 92%. Un gobierno preeminentemente de derecha lanza una política bastante más cercana al progresismo.

El discurso político se agota en la campaña electoral, porque para cambiar el rumbo primero hay que divisar otro, hay que convencerse de que otro horizonte ofrece mejores garantías, aunque los senderos y las vallas tengan otra densidad.

lunes, 5 de abril de 2010

Los políticos que somos

Cuando se daña un artefacto es necesario desarmarlo para, luego de un examen minucioso, entender cuáles deberían ser los caminos que lleven a la reparación del objeto.

En política sucede algo semejante, aunque el alcance de una medida desafortunada termina, generalmente, por echar por tierra cualquier medida de corta instrumentación.

Si la práctica de la política estuviese representada en una pirámide, deberíamos ubicar en la parte superior aquellos valores que caracterizan a la sociedad. Tres poderes aglutinadores, capaces de lidiar con el día a día; capaces, decíamos, de concatenar hechos políticos de manera horizontal, pugnando por la realización de verdaderas políticas de largo alcance.

En la parte baja de la pirámide nos econtramos nosotros. Conformamos, desde nuestra óptica, no sólo la porción más grande de la sociedad, puesto que quienes conducen el país son una porción insignificante de la población, sino que poseemos el derecho de elegir. La elección es nuestra carta magna; es, ni más ni menos, que la posibilidad de manifestarle a esa pequeña porción que decide por sobre nosotros que sus medios, sus instrumentos y sus conductas están bien encaminadas o, por el contrario, carecen de legitimidad.

Me detengo en nosotros, porque somos nosotros los que, a través del voto, debemos comenzar a generar un cambio. El planteo intenta ir más allá de un simple Gobierno, que hoy es kirchnerista, que ayer fue aliancista y mañana será ¿peronista?, ¿radical?, o vaya uno a saber qué bandera política.

“Tenemos los políticos que nos merecemos.” En realidad, el merecer presupone una aceptación sobre el devenir de algo natural. Por el contrario, nosotros tenemos los políticos que somos. A escalas distintas, en acciones insignificantes, nosotros trocamos en corruptos: y esto también está pésimamente mal.
Sobornar a un policía, conducir en estado de ebriedad, arrojar basura en la vía pública, romper el transporte público, utilizar indiscriminadamente recursos como el agua, la luz y el gas, también son hechos de corrupción. Y son de una corrupción tremenda si tomamos en cuenta que somos uno, individuo y destructivo.

Paradojicamente, en Argentina se prende una luz de esperanza. Debemos comenzar a profundizar el cambio. Debemos, como mencionaba en los primeros párrafos, dedicarle el tiempo necesario al estudio de políticas largo-placistas: a la instrumentación urgente de acciones planificadas, consensuadas y plurales.

Pobreza, Salud, Educación y Medio Ambiente son las grietas por donde se filtra la mayor cantidad de agua en nuestra nación. Este territorio amplio, marginal en algunos sectores, merece una exhaustiva reestructuración. Lo merece para que la Pobreza, la Salud, la Educación y el Medio Ambiente no sean sólo unos porcentajes abstractos.

martes, 30 de marzo de 2010

Viven del Estado 11 millones de personas

Amigos de esta hermosa y cotidiana forma de construcción política, quiero entregarles un pensamiento contemporáneo sobre el deficitario funcionamiento de Estado en la Argentina.



Por Orlando Ferreres
Especial para lanacion.com
Martes 30 de marzo de 2010

Durante la gestión que se inició en 2003 las personas que reciben ingresos por vía estatal aumentaron un 28 por ciento. La pregunta que se deriva es cómo se reparte la torta entre los diferentes sectores de la población

Efectivamente, a diciembre de 2008, las personas con ingresos dependientes del Estado Argentino eran 10.888.131, y ese número debe haber aumentado bastante hasta marzo de 2010. A diciembre de 2002, los que vivían del Estado era de 8.534.972, o sea que aumentó en 2.353.159 durante la gestión que se inició en 2003, es decir, aumentó en 28% entre esos años.

Teniendo en cuenta que nuestra población es de 40 millones de personas, significa que hay que mantener casi al 30% de la población (más de 50% si se incluyen las familias de los activos) con impuestos o equivalentes. La población activa que trabaja en el sector privado formal es casi de 6 millones de personas, y otros 5,8 millones trabajan en negro o gris, o sea que cada persona que produce algo en el sector privado, tiene que mantener a una persona del sector público.

Este peso tan insoportable va "doblando el lomo" de los trabajadores del sector privado en la Argentina y también de los empresarios, y finalmente no tiene perspectivas de continuar así durante todo el tiempo, no tiene perspectivas de ser sustentable. Hay que tener en cuenta que el país gozó de condiciones económicas muy favorables desde 2003, que la impulsaron a crecer al 9% anual, o sea, ya no estamos en crisis para justificar estos números.

De todas maneras, mucha gente se preguntará ¿cómo es que mantenemos a tanta gente? ¿Dónde están? ¿No será que estas cifras están infladas? Para no tener esta discusión, veamos por sectores dónde están los que dependen de un ingreso del Estado:




Tamaño e ineficiencia. Además de que son muchas las personas que hay que mantener en el sector público, también son muy poco eficientes los que trabajan en el sector oficial. Por ejemplo, si bien todos pagamos los maestros con impuestos, después hay que mandar a los chicos a la escuela privada por la gran caída de la calidad de la escuela pública en los últimos 20 o 30 años. También pagamos con impuestos a la policía (incluso en la ciudad, pagamos dos policías públicas superpuestas) para que nos cuide, pero después hay que poner guardias privados en muchos lugares, por la falta de eficiencia en la seguridad, y los robos están en la tapa de todos los diarios. El mercado de la seguridad privada, un negocio que depende de la ineficiencia de la policía pública, factura por año más de 5000 millones de dólares, incluyendo cámaras, personal, equipos. Lo mismo con la salud, que se paga con impuestos pero luego hay que ir a las prepagas privadas en muchos casos, por las largas esperas y baja calidad de la atención en los lugares públicos de salud, que incluso suelen no tener los remedios necesarios.

En cuanto a la parte social, el Seguro de Desempleo y los planes Jefes/Jefas de Hogar, plan Familias y otros, los hemos impulsado y estamos de acuerdo en hacerlos, pero como en los demás países donde se aplicaron estas medidas, con un horizonte temporal, o sea, no pueden ser para toda la vida del beneficiario. De todas maneras, no se piense que este es el problema del Gasto Público, ya que los Planes de Asistencia y Desempleo, todos sumados, llegaron en 2008 a $ 5209 millones, que sólo representaron el 2,5% del total del gasto de las personas que viven del Estado, que para ese año fue de $ 211.400 millones. Si incluimos los gastos en inversión pública, gastos operativos del estado y gastos financieros (intereses solamente), el gasto social no llega al 2% del total del gasto público.

Replanteo. El problema del sector público no es sólo el tamaño que ha adquirido en cosas que se han venido agregando por cada gobierno sin un plan director orgánico, gasto que lo pagamos todos, incluso los pobres, sino también la creciente ineficiencia que incrementa el gasto innecesariamente, por ejemplo, como hemos dicho, al duplicar el gasto en los bienes públicos esenciales, la educación, la seguridad, la salud.

Se requiere un total replanteo primero en cuanto al alcance de lo que es conveniente que haga el Estado. En segundo término, definir en qué nivel debe prestarse el servicio, es decir en la Nación, en la provincia o en el municipio, ya que, por ejemplo, con la transferencia de la educación primaria a las provincias se experimentó un gran fracaso. Además, hay muchas duplicaciones de prestaciones, ya que se dan bastantes casos en los que la Nación, las provincias y los municipios hacen lo mismo, con el correspondiente costo triplicado. Y, en tercer lugar, se debe controlar operativamente los resultados del sector público, estableciendo patrones de eficiencia de lo que se defina que quede en el Estado. No por ser del Estado, va a tener que ser ineficiente el servicio, pero para lograr eficiencia, hay que controlarlo. Hoy no hay control e incluso las normas que hay, no se respetan.

Si sos joven y no sabés por qué ganás tan poco, tenés que ver que el Estado se lleva una gran parte de tus ingresos, directa o indirectamente, para transferirlos a sus gastos, para lo cual te tiene que reducir tu poder de compra, y así otros podrán aprovechar lo que vos producís. No creas que esta pesada carga es por la ayuda social, pues ésta sólo llega al 2% del gasto.

lunes, 29 de marzo de 2010

Volver a empezar




Hemos vuelto. Luego de sendos meses de ausencia, confusión y rebeldía del crecimiento, la Ola vuelve a tomar altura; se impulsa desde sus profundidades hacia esa delgada capa de luz.

Volvemos para analizar hechos de actualidad, para sumergirnos en un oceáno de aguas cambiantes, de corrientes difusas y ubicaciones polarizadas.
La política vernácula está en constante rotación. Oficialismo y oposición debaten sobre cómo conducir un país acéfalo.

Si el kirchnerismo tuviera que encuadrarse dentro de un personaje mitológico bien podría ser un minotauro, pero, vale la aclaración, invertido: piensa como un animal y se mueve como cualquier ser humano.
En la práctica cotidiana de la instrucción cívica y el accionar político estamos cada vez más lejos de acercar posiciones.

Asesores y políticos de segunda línea no logran generar un cambio profundo: Estamos parados en el año bicentenario de nuestra nación pero, ¿cuánto más vamos a esperar para forjar las bases de un país en ciernes?

Válganos esta dualidad para sentarnos a discutir un modelo que conforme a las derechas, las izquierdas, los centros; realcemos de una vez y para siempre el espíritu constructivo que nuestros Alberi, Hernández, Moreno y tantos otros supieron pensar.