miércoles, 22 de abril de 2009

Efímero y fugaz

Escribir algo en 5 minutos. El tiempo que tardamos en tomarnos un Té, como profesa la virginia publicidad de nuestro litoral.
Los que dicen que escribir corto es tarea de los diarios sepan que están confundidos: También es una premisa cibernética. En realidad, la dificultad al escribir no está en el tiempo que destinamos a teclear, sino la idea que, saliendo de nuestro cerebro, avanza a una velocidad inimaginable para plasmarse, ahora sí, en las teclas de nuestras computadoras.
Estoy verdaderamente en contra de la gente que no le pone un freno a sus ideas, y esquiva las comas, los puntos, confunde la Z con la C y la S, y se lleva puesto los signos de preguntas.
Tenemos que escribir rápido. La vida tiene que ser rápida. Arrancar una oración y llegar hasta el final de ella tiene que ser rápido, porque quien está del otro lado se aburre y nos censura.
Vulgarmente rápido, porque ya no se trata sólo de escribir de forma elocuente, conservando el lenguaje y resumiendo las ideas; a los cinco minutos que destino para mi publicación tengo que agregarle palabras soeces. Tengo que suprimirlas, porque en vez de escribir la palabra qué es “mejor” reemplazarla por la k.
Es más, no sé por qué, en vez de estar escribiendo, no me encuentro subiendo mi álbum de fotos al Facebook. Claro, si una imagen vale más que mil palabras, en cinco minutos- segundo más, segundo menos- puedo ver unas 60 fotos: 60 fotos en cinco minutos valen más que…Hasta acá llegó mi amor por las matemáticas; aparte, disculpen la molestia, pero me excedí unos 15 minutos en el tiempo pautado, y me enferma la impuntualidad.
Nada de todo lo que dije quedó muy claro, ¿no? Tranquilos, la foto que sigue al pie de la nota podrá representar aun mejor mi idea.