sábado 28 de junio de 2008

El ataque a la prensa libre

El siguiente artículo fue publicado en el diario La Nación (Argentina), el día 17 de mayo del corriente año.
Llama la atención que en el título aparezca la palabra "libre". No hay libertad de prensa, no en Argentina por lo menos. Si los intereses del periodista son consecuentes a los del medio, en tal caso se podrá hablar de la libertad de empresa periodística.
Se los dejo; hace a la construcción y la formación periodística.


Uno de los indicadores más elocuentes de la degradación de nuestra calidad institucional es la abierta hostilidad desde lo más alto del poder político hacia los medios de comunicación independientes.

Sobran pruebas de este fenómeno, pero bastaría con citar la reciente declaración de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que le reclama al gobierno argentino que baje "el nivel de confrontación" con la prensa y considera que su posición "en contra de los medios y de periodistas independientes" ha motivado "actos vandálicos y de violencia que están restringiendo la libertad de prensa y el derecho público a la información".

Es lamentable que desde oficinas del Estado se avance sobre la esfera individual para coartar la libre expresión de las ideas e informaciones. La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) parece olvidar por momentos sus funciones naturales para convertirse en un dispositivo de persecución política, al tiempo que en la Secretaría de Inteligencia (la ex Side) se ha desatado una guerra entre facciones que se acusan mutuamente de entrometerse en la privacidad de los periodistas y empresarios de medios.

Los que deberían ser órganos profesionales del Estado son puestos al servicios de los impulsos facciosos de un gobierno que ha decidido atacar a un sector de la sociedad con el que se siente molesto.

En el Congreso se impulsa una batería de proyectos de leyes inspiradas en el Poder Ejecutivo o en expresiones parlamentarias del oficialismo e ideados con el fin de castigar a empresas de comunicación individualizadas. Entre ellos, uno para derogar la desregulación de la venta de publicaciones y la ya comentada en estas columnas reforma de la ley de radiodifusión, planteada en términos antagónicos hacia determinados grupos.

Un Gobierno dotado de muy baja capacidad para la argumentación en defensa de sus políticas ha optado por imponer sus opiniones en la sociedad al embestir contra el patrimonio de los medios con la grosera fantasía de condicionarlos.

El manejo arbitrario de la publicidad oficial bajo la forma de un premio o un castigo en función de la cercanía de medios gráficos y programas de radio y televisión al Gobierno es otro mecanismo con el cual las autoridades pretenden controlar a la prensa. En ocasiones, también, el Gobierno estimula el surgimiento de nuevos medios garantizándoles una elevada cuota de publicidad oficial que difícilmente puedan justificar sus escasas ventas.

Acompaña estos emprendimientos la iniciativa de un Observatorio de Medios que, en manos de las autoridades, no es, sino un eufemismo para instrumentar la censura.

Esta atmósfera, que se hace sentir en los últimos años, se ha vuelto más espesa en los últimos días. Con fondos de dudosa procedencia, se lanzó una inconfesable campaña de pintadas y carteles anónimos, dirigidos a atacar a las empresas periodísticas del grupo Clarín.

Los líderes de las fuerzas de choque del oficialismo, como el sindicalista Hugo Moyano y el piquetero Luis D Elía, eligen ahora a los medios de comunicación como blanco de sus agresiones.

La actual administración profundiza algunos rasgos preocupantes, que ya se habían puesto en evidencia en el anterior mandato presidencial. Los funcionarios siguen sin dialogar con la prensa y evitan los reportajes abiertos, salvo los que se conceden a aquellos medios a los que el propio Gobierno favorece con sus regulaciones y publicidad. Tampoco se ofrecen conferencias de prensa, abstención que nace de la enorme dificultad del Gobierno para explicar no pocos puntos oscuros de su gestión.

Desde la máxima magistratura se sigue monologando en contra de los medios de comunicación que, por relatar lo que sucede, comienzan a ser señalados como la nueva causa de todos los males del país.

Este enojo cotidiano esconde, como siempre ha sucedido, un antiguo prejuicio autoritario, según el cual la prensa controla a la sociedad y la maneja. La aspiración a amedrentar a la prensa para, después, manipularla se inspira en aquel error, consustancial a las autocracias.

Sin embargo, este clima de hostilidad no se origina solamente en los reflejos autoritarios de los que gobiernan. En muchos casos, se advierte también una intencionalidad económica. Es decir, se lanzan embestidas sistemáticas para acorralar a los propietarios de los medios con la expectativa de conseguir, de ese modo, que éstos pasen a manos más convenientes para el poder. Este procedimiento, muy reiterado en otros sectores de la actividad empresarial desde que Néstor Kirchner llegó al poder hace cinco años, parece ahora extenderse a los medios de comunicación.

Esta tendencia es más inquietante desde que se conocen los antecedentes que, en esta materia, el actual grupo gobernante exhibió durante su larga gestión gubernamental en Santa Cruz. Personas de la intimidad del ex presidente Kirchner, como su antiguo chofer Rudy Ulloa, terminaron por controlar casi todo el sistema de medios provincial. Nadie podrá reprochar a estos empresarios ligados al poder la falta de sinceridad: el principal programa político de la TV administrada por el oficialismo santacruceño lleva por nombre El ojo del amo .

domingo 22 de junio de 2008

Dale gas al referéndum



Tarija dijo que sí. Sí al referendo autonómico que otorga facultades excepcionales al Departamento boliviano para autogobernarse. Sucedió durante este domingo, en el cual, según diversas encuestas (todavía no hay resultados oficiales todavía), el Sí habría ganado por el 80% de los votos.
Es el cuarto revés que sufre en las urnas el MAS (Movimiento Al Socialismo), el partido del presidente boliviano Evo Morales, en tres meses de creciente incertidumbre.
Primero fue Santa Cruz, luego los Departamentos de Beni y Pando, y por último, hoy, Tarija, los que se pronunciaron en contra de la política secesionista y autoritaria del presidente Morales.
Los cuatro referéndum abogan por la autonomía departamental de la medialuna del Oriente boliviano. Una autonomía que huele a hidrocarburos, y destila reservas de gas en un país que necesita el abroquelamiento de sus autoridades en pos de una política hermética que refuerce a la frágil Bolivia.
Tras la nacionalización de los hidrocarburos, en el año 2006, Bolivia ha sufrido la mayor fractura social a lo largo de su historia. Aquí se entrecruzan los deseos políticos de un presidente que pretende modificar la idiosincrasia de una clase política corrupta, intentando hacer partícipe al Estado de las concesiones regionales, con empresas privadas.
Bolivia está sentada en una mina de Gas, la segunda mayor reserva de América, por detrás de Venezuela. Se estima que las reservas alcanzan los 14 trillones de metros cúbicos de gas.
Hasta el año 2006, el 90% del comercio del Gas estaba en manos de empresas privadas internacionales (dígase: Repsol Ypf, Petrobras y Total). Hete aquí el disgusto de los Departamentos más pudientes, enfrentados a muerte con el presidente emanado del sector más pobre de Bolivia: los campesinos.

Eramos tan pobres
Antes de refrendar el decreto de nacionalización de hidrocarburos, Bolivia percibía por la exportación de gas, alrededor de 500 millones de dólares anuales; hoy, con decreto en marcha, la suma asciende por encima de los 2 mil millones de dólares. Tres veces más el valor anterior.
El 10 de agosto se llevará a cabo el último y definitivo referéndum. Este sí, constitucional, aceptado por ambos bandos. Será crucial porque allí se jugará gran parte del futuro político boliviano. Si gana el MAS, Bolivia comenzará, finalmente, el proceso de afianzamiento en materia económica y política, teniendo al Estado como juez e interventor de cualquier empresa que decida residir allí. En caso de ganar la oposición, con mirar a la Argentina de los 90’ alcanzará para graficar la situación boliviana ¿No estará la memoria del dictador Hugo Banzer detrás del armado secesionista?
10 de agosto dice la última parada del tren paceño. Morales aseguró que sólo muerto dejará la presidencia de Bolivia. Beni, Pando, Tarija y Santa Cruz están unidas; son la nueva mesa de enlace sudamericana. Juegan, se ríen y dialogan con el Rancho para recompensarlo en caso de obtener una victoria. La guerra ha comenzado, y cual film de Tarantino, la música sonará sólo si es imperiosamente necesario. Imperioso… ¿Habrá un imperio desnudando los incipientes problemas bolivianos?