miércoles, 28 de abril de 2010

Hebe salve al pañuelo

El pañuelo blanco - símbolo de lucha, persistencia y resistencia, amor y memoria de las madres y familiares cercanos de desaparecidos, torturados y asesinado por la última dictadura militar -, ya no limpia y purifica el cielo celeste de nuestra nación: Usted, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, señora Hebe de Bonafini, ha hecho corrupta y servil a la posición que detenta por el valor y el coraje que alguna vez supieron enaltecerla.

Usted es “Madres de Plaza de Mayo”, la cara visible de una Asociación que recibe el apoyo de una sociedad que mayoritariamente repudia el golpe de Estado de 1976, que reivindica su comportamiento durante esos años sombríos y llenos de sangre, a todo aquel que tuviese la sola sensación de opinar en contra de los militares.

Usted que fustigó (y lo hace más enérgicamente en estos tiempos) a la prensa por silenciar, ocultar y tergiversar información durante esos oscuros años, no pretenda hacer lo mismo que los militares, alentando solamente la utilización de canales oficiales, radios estatales y periódicos afines a la ideología que le brinda cuantiosas sumas de dinero para justificar sus apariciones sacrosantas de mujer imparcial.

Si un vicepresidente ejerce bien o mal su rol como funcionario público, hay tres Poderes que se encargan de regularlo y, en caso de ser necesario, apartarlo del cargo que tiene. No debería ser de su inmediata incumbencia inclinar a la sociedad hacia un juicio de valor acerca de si está bien o mal que Julio Cobos siga presidiendo el Senado.

Las fotos que la muestran conversando afablemente con el Vicepresidente, cuando éste era candidato por la concertación que ganó las elecciones de 2008, distan mucho de la ferviente confrontación que plantea por estas horas, simplemente porque Cobos ha dejado de servir a la Presidenta, desde que otorgó su voto no positivo en el artículo 125: Y observe que el Vicepresidente no es de mi gusto político, eh!


Además, y en este punto sí coincidiremos, repudio las conversaciones desestabilizadoras entre periodistas y dirigentes agropecuarios que aventuran un éxodo inmediato del gobierno kirchnerista, como también la violencia que brota desde la Casa Rosada cuando, desde la oposición, se piensa en consensuar y llamar al diálogo.

En vez de criticar a la Justicia, debería apoyar a los jueces cuando aparecen sentencias como la de ayer, en las que Videla y Martínez de Hoz pierden sus concesiones y su indulto y pueden, reitero, sólo por el accionar de la Justicia de la que usted reniega, volver a ser enjuiciados.

Avala que Cristina de Kirchner libere a los goles que alguna vez fueron secuestrados por un Multimedio ó muchos grandes grupos económicos, pero se sienta al lado del segundo Fernández, el Jefe de Gabinete, que despide un odio irracional mostrando en su remera a dos personas metiéndose los clarinetes en culo.

La escuché decir en el vigésimo quinto aniversario del Golpe, discurso mediante, que “Un revolucionario nunca es terrorista. Es alguien que quiere el bien del pueblo para que otros vivan, coman y sean felices. El terrorista es el Estado que reprime, el otro es una respuesta prevista en la propia Constitución”. Disculpe que disienta con usted, señora de Bonafini, pero la Constitución no llama a levantarse en armas contra el ningún Gobierno. Los Militares eran el Estado y deben pagar por ello, pero no exima de responsabilidades a quienes metían bombas por doquier, sembrando el miedo por plantar la misma semilla.



Revolucionario también fue Fidel Castro. Condenó al fracaso y a la involución a la población cubana, luego de darse cuenta que su régimen carecía de pilares para sostenerse. Allí, las Damas de Blanco (las mujeres de presos políticos, opositores al castrismo), marchan todos los domingos en diversos puntos del país promoviendo un mensaje de paz y hermandad.

Por último, y haciendo uso de su lugar en el centro social y político de nuestra Argentina, ayúdenos a esclarecer por qué y cómo, luego de tantos años de sufrimiento, desapareció y nunca más se lo volvió a ver a Jorge Julio López. El sí es una herida abierta en nuestra Argentina.

Ayúdenos, si así lo considera, a trabajar por una nueva nación sin prebendas, con Historia y memoria.

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