
Volví. Así como por arte de magia decidí regresar, volver a las bases. Sí, quise volver a las bases porque tengo 100 mil rancheros y otros tantos de miles de millones de adeptos. Soy muy popular, señor, señora. Ustedes me conocen, saben exactamente quién soy. Sólo voy a darles algunos indicios. Saben que hasta hace un año no me conocía ni mi hermano. Iba de aquí para allá, a la deriva, siempre arriba de mi cosechadora, mi fiel amiga.
Gracias a Martín, un amigo que no conocía y tampoco lo descubrí en Facebook, me hice grandioso. Conseguí una gran popularidad, y en el barrio todos se abrían paso cuando me veían llegar.
Mi paso era cansino; en realidad, acá llevábamos una vida muy sedentaria, y la verdad no nos preocupábamos por lo que sucedía al otro lado del puente. Vamos a decir la verdad, nunca, ni mamado, pensé en arrodillarme ante otro: muerto me van a tener que sacar de acá. Lo mío se encausa en otro río, en el de la batalla, el enfrentamiento: soy guapo.
Desde que me volví popular vivo recorriendo mi país. El campo, la humedad de la tierra que se inmiscuye en mis venas. Nací en la tierra, me crié en la tierra. Ahhhhh… Es la tierra de mi patria, mi grano de amor que crece en el país del norte, pero que pienso defender con el corazón, para que no sufra ese desarraigo capitalista.
Era inculto, pero cambié. Ahora desafío desde el atril. Ellos me miran con miedo, por lo menos con respeto. Saben que mis seguidores me admiran, y por eso tiemblan cuando ven mi rostro en un diario, escuchan mi nombre en una radio; hasta cuando tienen sexo, porque soy yo, pero también es mi grano el que se les mete en el medio de ahí…
Vuelvo a la carga, renovado. Sórdidos son mis planes, funestas y espurias mis intenciones. Ricos y pobres se pelean por tenerme, todos me aman. El problema fue no aprender a conformarme con menos de lo que creí ser, y sé, muy a mi pesar, que estoy destinado al oprobio y el fracaso.
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