viernes, 26 de diciembre de 2008

EXTRAÑO SER QUE EXTRAÑO


Qué nos importaba salir a jugar descalzos, golpearnos, caernos, machucarnos. Llorábamos, nos maldecíamos unos a otros y volvíamos a reír como si nada hubiera pasado. Eramos tan ingenuos: Papá Noel llegaba a las 12, mientras el grito de algún tío pícaro nos cautivaba; había que comer para ser fuertes, pero sin correr para no sufrir una indigestión. Corríamos.
Papá gritaba: Chicos, no los quiero abajo del sol hasta después de la siesta, y nosotros, anómicos como todos, sacábamos a relucir la manguera de tiras verdes y azules y nos empapábamos; inflábamos las bombuchas con agua hasta la mitad, y el resto era puro aire, para reventarle la espalda al otro de un bombachazo.Otra vez el llanto, porque no te das una idea lo que picaba ese globito cuando te pegaba de lleno; pero venía el mimo de la “nonna” y todos contentos. Ignorábamos, porque a ninguno de nosotros nos importaba la plata, la jerarquía, el parecer ser: Eramos puros. A lo sumo, alguna abuela podía tildarnos de “indio”, “sabandija” o “demonio”, pero de ahí no pasaba, eh!
A mí me gustaba “Leonardo”, la tortuga ninja celeste, porque era el más práctico de todos. No discutía por nimiedades: Era el más compañero, tranquilo y sumamente inteligente; claro, usaba la espada como un dios. No había imposible: Te medía y ZAAAAAAAAAAAA. A otra cosa mariposa.
Y qué me cuentan de Oliver Aton, el astro del fútbol animé. Otro dios, pero éste de pantalones cortos y expresiones de tablón. Era pura habilidad, gambeta, destreza y compañerismo: El supercampeón de todos los tiempos.
Nunca dejamos de ser felices. Hoy, a la distancia extraño mi cuarto rebalsando de juguetes, de disfraces… ¡la niñez! Extraño la fatálity del Mortal Combat, los panchos entre partido y partido, festejar los cumpleaños en una canchita de fútbol y la guerra de cuarteles con los “micro machines”. Extraño a Marcelo Araujo gritando: “Puede ser, puede ser, puede ser… Sí, GOLLLLLL.”
Extraño la primera bici, a la que tuvimos que bajarle el asiento porque yo quedaba en el aire.
Extraño a Cantoná, ícono y figura del soccer Inglés (ya sé que era francés, pero lo quiero vestido de rojo y perforando el estómago de los monstruos de Nike); al pájaro Caniggia abriendo los brazos y gritando: Diego, pasala, Diego… Argentina 2, Nigeria 1 . No extraño a Maradó saliendo de la cancha de la mano de la enfermera yankee: Imagen imborrable y erótica de unos de los momentos más funestos del fútbol nacional.
Extraños nos volvimos, dejando a un lado la pureza del párvulo que ya dejó de serlo, para convertinos en lo que podemos.
Brindo por ello de todas formas. Por el placer de ser lo que quiero y no lo que puedo, y por aquella infancia imborrable, por mis luchas con Gokú y el grito de Redonda en el International super Star Soccer (deluxe).
CHAU al 09’, reminiscencia de lo que alguna vez fue.

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