miércoles, 2 de julio de 2008

Chévere, muy chévere


Seis años y cuatro meses tuvieron que pasar para que liberaran a Ingrid Betancourt. ¿Liberaran? Bueno, una fachada impuesta por el gobierno de el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, para darse crédito a él mismo, justo un día después de los anuncios relacionados al referéndum revocatorio, que pretende inmortalizarlo en el poder.
Lo cierto es que Betancourt salió en libertad, sea por el accionar de las Fuerzas colombianas, o por la apertura del movimiento subversivo, comandado ahora por Alfonso Cano, a un espacio de “mayor entendimiento”.
Inmediatamente después de las cuatro de la tarde (horario argentino) todas las emisoras nacionales e internacionales comenzaron a copar su espacio, mostrando imágenes de los quince rehenes liberados, dando a conocer el nombre de cada uno de ellos, y reparando, puntualmente, en los tres norteamericanos secuestrados e Ingrid Betancourt; los once restantes, todos militares.
De esta manera, alegrándonos por la salida de Betancourt de la selva colombiana, hay que mirar al futuro y pensar cuál puede ser el escenario que comenzará a ganar protagonismo.
¿Sería descabellado pensar que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), habiendo perdido su caballito de batalla, puedan seguir adelante con la toma de rehenes? No, y con esto no quiero decir que el resto de los rehenes no sean importantes, pero ya vimos la trascendencia mediática que tuvo la candidata a presidenta colombiana, y con la que contó el resto.
El movimiento que preside Cano se encuentra en jaque; sí, como el nombre de la Operación que sirvió de escudo para recuperar a los presos políticos. Y, se encuentra sin horizonte porque parecen haberle soltado la mano. ¿Quiénes? Fácil: Chávez, el Líbano, y todo el resto de las guerrillas y movimientos insurgentes que financiaban por intermedio de armas y dinero, al movimiento colombiano.
Murió Marulanda, y para Reyes habrá que esperar al 6 de enero, porque Raúl también dijo “adiós”. A Cano le quedó un hierro caliente que ya no puede agarrar ni con guantes de amianto.
Hoy, 2 de julio, también murieron uno y cada uno de los demagogos paramilitares de las FARC; por lo menos como grupo de intimidación y de choque.
A celebrar; volvió Ingrid Betancourt. Intentemos no olvidar a los más de quinientos que todavía siguen presos. La pregunta no es de quién, sinó, por qué.

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