martes, 17 de junio de 2008

Lapso

Lapso: Tiempo entre dos límites no definidos pero, afortunadamente, encontrados.
El amor conoce de lapsos, pero el lapso condiciona al amor.
Lapso que se hundió en el fondo de sí para emerger cual trovador inspirado.
Entre el Bang del minuto cero y un lapso no menor a los 50 mil millones de años, hay dos límites, también, no definidos.
¿Qué son cincuenta años de membresía castrisita? Un lapso de certezas erigidas una atrás de otra, y marcadas a fuego por la inteligencia de un ser de otro planeta; francamente admirable.
Un día es un lapso. Un rato es un lapso. La vida es un lapso: dos límites.
Querer algo es fijar un lapso para conseguirlo.
Lapso que superó tempestades.
Una carrera universitaria comprende un lapso.
Cortázar no conocía de lapsos. Una rayuela exquisita que innovó para quebrar los límites y permitir un salto de jerarquía literaria.
El amor, decíamos, conoce de lapsos. Que afortunados somos, que no podemos preguntarle cuáles son los límites que lo comprenden.
Dos límites. Un lapso: La vida.

La pluma decidió. A sus órdenes

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